Sebastián tenía 41 años, un trabajo bien pagado, una familia que lo amaba y una pregunta que no podía sacarse de la cabeza: "¿Para qué estoy aquí?"
No era una pregunta filosófica abstracta. Era una urgencia. Una sensación de que había algo que se suponía que debía estar haciendo, pero que no encontraba. "Hago todo bien", me dijo en la primera sesión. "Pero nada de lo que hago se siente mío."
Había intentado coaching de propósito. Había tomado el test de Ikigai. Había trabajado con un psicólogo orientado a la psicología positiva durante dos años. Seguía sintiéndose igual: funcional, pero vacío. Con la sensación de que su vida era la de alguien que se había equivocado de obra de teatro.
La depresión existencial: cuando falta propósito y la psicología no encuentra el origen
La depresión existencial —esa sensación de vacío que no responde a cambios externos ni a logros— es una de las formas menos comprendidas de sufrimiento psicológico. No responde bien a los antidepresivos porque no es un problema neuroquímico. No responde del todo a la terapia cognitiva porque no hay distorsiones de pensamiento claras. La persona ve la realidad con bastante precisión. Lo que falta no es cognición correcta. Es sentido.
La psicología existencial y el trabajo de Frankl sobre el sentido de vida ofrecen un marco valioso. Pero en algunos casos, incluso ese trabajo avanza hasta cierto punto y luego se detiene. Como si el sentido no estuviera en esta vida, sino que hubiera que buscarlo en otra parte.
Desde el marco de la Terapia de Regresión a Vidas Pasadas, la "misión del alma" no es una metáfora motivacional. Es el tipo de contribución que el alma ha elegido antes de encarnar —y que, cuando no se vive, produce exactamente esa sensación de vacío que Sebastián describía.
El vacío existencial que no cede con el trabajo terapéutico convencional no siempre es falta de sentido. A veces es sentido bloqueado.
Lo que encontramos en la sesión con Sebastián
Cuando Sebastián entró en estado hipnótico, le pedí que se conectara con esa sensación de "estar en la obra equivocada" y que dejara emerger una imagen. Sin interpretarla. Solo observarla.
Lo que apareció lo sorprendió: se vio en un monasterio, en lo que describió como la Europa medieval. Era un monje que copiaba manuscritos a mano. Había elegido esa vida deliberadamente —había renunciado a una vida de familia y de negocios para dedicarse a preservar el conocimiento. Y lo había hecho con una convicción profunda: que ese trabajo importaba, que era exactamente lo que el alma había venido a hacer.
Murió en ese monasterio, en paz.
Pero lo que vino después fue lo revelador. El guía espiritual de Sebastián nos mostró que en una vida posterior, alguien le había dicho que ese trabajo —copiar, enseñar, transmitir— era una pérdida de tiempo. Que lo que importaba era producir, acumular, avanzar. Y el alma creyó esa voz más que a la suya propia.
Lo que Sebastián cargaba no era una falta de propósito. Era el recuerdo de un propósito que había sido descalificado. Y la sensación persistente de que dedicarse a lo que realmente importaba era un lujo que no podía permitirse.
La misión del alma y el origen kármico de la falta de propósito
El alma sabe para qué está aquí. Pero hay una capa de decisiones —propias y ajenas, de esta vida y de otras— que puede impedirle acceder a ese saber.
La regresión no inventa un propósito. Lo descubre. Ayuda al alma a recordar lo que sabía antes de que las circunstancias lo cubrieran. A distinguir entre lo que ella quiere hacer y lo que el entorno —en esta vida y en otras— le enseñó que debía querer.
En la sesión de integración con Sebastián, trabajamos el momento en que el alma eligió creer esa voz descalificadora. Le pedí que regresara a ese momento y que, desde la perspectiva adulta de esta vida, le dijera al alma joven lo que necesitaba escuchar.
Después de la sesión, Sebastián hizo algo pequeño y específico: retomó un proyecto de escritura que había abandonado hacía años porque "no tenía sentido económico". No renunció a su trabajo. Solo le dio espacio a algo que se sentía real.
Seis meses después me escribió: "No puedo explicar bien qué cambió. Pero hace meses que no me pregunto para qué estoy aquí. Lo estoy haciendo."
Señales de que la falta de propósito puede tener un componente de vida pasada
Hay señales que indican que vale la pena explorar el origen del vacío más allá de esta vida:
- ▸La sensación de vacío persiste aunque externamente "todo está bien"
- ▸Hay una brecha persistente entre lo que se hace y lo que se siente real o propio
- ▸El trabajo de propósito convencional avanza pero algo no termina de conectar
- ▸Hay una actividad, talento, o tipo de contribución que genera una atracción especial, pero que la persona no se "permite" plenamente
- ▸La falta de propósito se siente como un recuerdo de algo que debería estar haciendo, más que como ignorar qué hacer
Encontrar el propósito de vida no siempre es una pregunta que se responde mirando hacia adelante. A veces hay que mirar hacia atrás —más atrás de lo que la memoria de esta vida permite.
Si sientes que hay algo que se supone que deberías estar haciendo y no sabes qué es, o que lo que haces no termina de sentirse tuyo, puedes explorar si hay algo en la historia del alma que explique esa distancia.
Puedes agendar una sesión de exploración gratuita en juanpabloloaiza.com/entrevista.
Juan Pablo Loaiza es psicoterapeuta especializado en Terapia de Regresión a Vidas Pasadas (TRVP) e Hipnosis Terapéutica. Trabaja con personas que buscan entender el origen profundo de sus patrones emocionales, relacionales y energéticos.
